Origen del concepto “MEME”

En el mundo de la ciencia se ha tratado el tema de la evolución desde diferentes puntos de vista. Se ha teorizado a cerca de la selección natural a nivel de individuos, de especies, pero también se ha planteado a nivel de genes. De ello se encargó Richard Dawkins, profesor de etiología en Oxford.

Dawikins ha sido un gran estudioso de la relación entre la evolución y la conducta social de los animales. Afirma que los seres vivos somos máquinas de supervivencia, diseñadas para la perpetuación de los genes que albergamos en nuestras células. Para él, la adaptación y supervivencia del individuo, y la especie, serían no causa, sino consecuencia de un sistema de perpetuación de genes, o grupos de genes.

Si os interesa el tema, explica su teoría en e libro “El gen egoista. Las bases biológicas de nuestra conducta” escrito en 1976. Es en esta misma obra en la que acuña el término “meme”, al que le dedica todo un capitulo.

Para estudiar la evolución, ha sido necesario encontrar replicadores. Dawkins buscó un término para referirse a la idea de una unidad de transmisión cultural. Recurre al termino meme, buscando una palabra análoga a gen, por su parecido fonético.

En 1976 planteaba la supervivencia de estos memes, saltando de cerebro en cerebro. N.K. Humfrey consideró que los memes serían estructuras vivientes, no metafórica, sino técnicamente. Literalmente se estaría parasitando el cerebro, convirtiéndolo en un vehículo de propagación, de la misma forma que un virus parasita el mecanismo genético de la célula anfitriona.

Ejemplos de cualidades que tienden a condicionar un alto valor de supervivencia serían su longevidad, fecundidad y fidelidad en la copia.

Dawkins se refiere a la cultura como una característica inusitada y extraordinaria en el hombre como especie animal. Plantea su propagación  de manera análoga a la selección natural de los genes dentro de la naturaleza. Un ejemplo es el lenguaje. Nos resultaría complicado comunicarnos en castellano con Cristóbal Colon, a pesar de tratarse de la misma lengua. “El lenguaje evoluciona por medios no genéticos, a una velocidad más rápida en órdenes de magnitud, que la evolución genética”.

Constituyen otros ejemplos de evolución cultural las modas de vestir, los regímenes alimentarios, las costumbres, el arte, la arquitectura, la ingeniería, la tecnología, canciones, ideas , consignas. Tal vez el meme más prolífico de la historia haya sido el concepto de “dios”. Dawkins considera muy interesante este último ejemplo, pues defiende, que igual que los genes pueden interactuar entre ellos, creándose grupos de genes que suman su capacidad de supervivencia, también plantea que determinados memes pueden unirse, como dios y el concepto de fe, pecado, vida eterna, castigo, compasión…Incluso pueden interactuar memes y genes, ya que en determinadas religiones, se practica el celibato, o el reguetón podría promover las relaciones sexuales sin protección.

Se trata de un tema curioso e interesante. Tal vez, lo que más me sorprendió a mí, fuese que un concepto tan vinculado en la actualidad al mundo de las tecnologías y las redes sociales, surgiera del estudio de los biólogos en el ámbito de la teoría de la evolución.

Sí que es verdad que les redes sociales constituyen un auténtico caldo de cultivo en el que ideas, chistes, consignas, canciones y modas luchan para hacerse un hueco. Es fácil ver el paralelismo con una jungla, en la que los depredadores buscan hacerse con los recursos del entorno, para poder sobrevivir y perpetuarse. Aunque en este ámbito, el objetivo no es tanto la supervivencia, como la supervivencia para el consumo. Así que aprovecho para recordaros que estéis muy atentos a la información a la que vuestros hijos acceden en internet.

LA SABIDURÍA DE LOS CUENTOS

“Ya en el jardín, observó las rosas, y les dijo:

  • No sois como mi rosa, porque nadie os ha domesticado y porque no habéis domesticado a nadie….Mi rosa puede parecerse a vosotras, pero es mil veces mas importantes para mí porque la he regado, la he cuidado y la he escuchado. Porque ella es mi rosa.”

¿Qué ha pasado mientras leías este fragmento de el Principito? ¿qué pensaste?, ¿qué sentiste?. Tu reacción es solo tuya. Si le preguntas a un grupo de personas por lo que les ha evocado, las respuestas serían probablemente todas diferentes y muy personales. Los cuentos, las metáforas, nos hablan a un nivel más profundo que el racional.

Con relatos, historias, cuentos, fabulas o metáforas, podemos llegar mucho más lejos y más profundo que con una buena argumentación lógica. No se trata de sustituirla, pues también es necesaria, pero es un refuerzo ideal. Ayuda a la persona a sintonizar con su propia experiencia, con su faceta no solo racional, sino afectiva. Cuando la información no viene explicita, rebuscamos en nuestros esquemas propios para darle un sentido al mensaje, alcanzando una mayor integración dentro de los esquemas mentales ya existentes. Siempre es más fácil incorporar a un sistema de información, datos que encajen con el modelo predeterminado.

El cerebro es una computadora especializada en cotejar patrones. Cuando escuchamos algo nuevo, el cerebro busca y encuentra esquemas repetidos. Las metáforas, al ser información difusa, estimulan este sistema de búsqueda, que facilita la proyección de nuestros propios esquemas en la historia. Una argumentación lógica aporta nuevos esquemas que pueden aportar una nueva perspectiva, siendo más difícil y más arduo el cambio, cuanto más disonante es la información. El trabajo con la metáfora es más un trabajo de dentro hacia fuera. El cerebro va a buscar las experiencias preexistentes que van a encajar en el esquema de la metáfora.

Al fin de cuentas, vivimos en un mundo construido a base de historias. Todos somos contadores de historias. Cuando relatamos una anécdota, estamos reconstruyendo una situación vivida, interpretándola con nuestra máquina de entender las cosas, enfocándonos en los detalles que subjetivamente más nos han impactado. Paralelamente estamos captando historias constantemente: anuncios publicitarios, cuando un comercial nos presenta un producto, si nuestros hijos nos cuentan como le ha salido el examen…

Apóyate en las fábulas, las metáforas, los cuentos, no es casualidad que se hayan instalado en la cultura general. Son una herramienta muy potente para apoyarte educativamente. Puedes buscarlas entre los cuentos populares, en páginas de internet especializadas, o incluso construir tus propias historias.

LA CARTA QUE TU ADOLESCENTE NO PUEDE ESCRIBIRTE

Hace unos años encontré, leyendo el periódico, no recuerdo ahora cual, un artículo que hacia referencia a una carta  escrita por la psicóloga Gretchen Schmelzer. La escribió en 2015 para ayudar a los padres con hijos adolescentes. Desde entonces se ha convertido en uno de las lecturas que recomiendo a cualquier padre.

«La carta que tu adolescente no puede escribirte» es el título de esta texto escrito por ella misma como si fuera un adolescente en el que plasma el trasfondo que suelen esconder los jóvenes en esta etapa de la vida, invitando a los padres a reflexionar, entender y acompañar a sus hijos, aunque a veces cueste. Espero que so ayude, igual que me ayuda a mí día a día. El texto es el siguiente:

«Querido padre/madre:

Esta es la carta que quisiera poder escribirte.

En este momento estamos en una lucha. Lo necesito. Necesito esta pelea. No puedo explicarte las razones porque no tengo el idioma para ello y de todos modos no tendría sentido. Pero necesito esta pelea. Mal. Necesito odiarte ahora y necesito que sobrevivas. Necesito que sobrevivas a que te odie y que me odies a mí. Necesito esta pelea aunque también la odie. No importa de qué se trate esta vez: por la hora de volver a casa, por no haber hecho una tarea, por la lavandería, mi habitación desordenada, salir, quedarme, irme, no irme, novio, novia, no amigos, malos amigos. No importa. Necesito pelear contigo y necesito que pelees conmigo.

Necesito desesperadamente que sostengas el otro extremo de la cuerda. Aferrarme con fuerza mientras golpeo el otro extremo, mientras encuentro los asideros y los puntos de apoyo en este nuevo mundo. Solía saber quién era, quién eras, quiénes éramos. Pero en este momento no. En este momento estoy buscando mis límites y a veces solo puedo encontrarlos cuando estoy provocándote. Cuando llevo todo hasta el límite. Entonces siento que existo y por un minuto puedo respirar. Sé que anhelas el niño dulce que fui porque también anhelo a ese niño, y algo de ese anhelo es lo que me duele tanto en este momento.

Necesito esta pelea y necesito ver que no importa cuán malos o grandes sean mis sentimientos. No nos destruirán ni a ti ni a mí. Necesito que me quieras incluso en mi peor momento, incluso cuando parece que no te quiero. Necesito que te quieras a ti y a mí por los dos en este momento. Sé que apesta ser rechazado y etiquetado como el malo. Por dentro siento lo mismo, pero necesito que lo toleres y que otros adultos te ayuden. Porque yo no puedo hacerlo en este momento. Si quieres reunir a todos tus amigos adultos y tener un ‘festival de ira-grupo-apoyo-para-sobrevivir-tu-adolescente’, me parece bien. O hablar de mí a mis espaldas, no me importa. Solo no te rindas. No te rindas en esta pelea. Te necesito.

Esta es la pelea que me enseñará que mi sombra no es más grande que mi luz. Esta es la pelea que me enseñará que los malos sentimientos no significan el final de una relación. Esta es la pelea que me enseñará a escucharme a mí mismo, incluso cuando pueda decepcionar a otros.

Y esta lucha en particular terminará. Como cualquier tormenta, estallará. Y lo olvidaré y tú también. Y luego volverá. Y necesitaré que te aferres a la cuerda otra vez. Necesitaré esto una y otra vez durante unos años.

Sé que no hay nada satisfactorio en este trabajo para ti. Sé que probablemente nunca te lo agradeceré y ni siquiera reconoceré tu apoyo. De hecho, probablemente te criticaré por todo este arduo trabajo. Parecerá que nada de lo que hagas será suficiente. Y, sin embargo, confío completamente en tu habilidad para permanecer en esta pelea. No importa cuánto discuta. No importa cuánto me enfurruñe. No importa lo silencioso que sea.

Por favor, agárrate al otro extremo de la cuerda. Así sabré que estás haciendo el trabajo más importante que alguien podría estar haciendo por mí en este momento.

Con amor, tu adolescente».

PERSONALIDAD MÚLTIPLE

Es un tema muy recurrido en películas. Personas con alter egos que se alternan en el control del cuerpo. En algún momento todos nos hemos preguntado si pasa de verdad, o es solo producto de la imaginación de un guionista creativo. Yo mismo dudaba de su existencia hasta que lo encontré en consulta. Siempre pensé que era un invento americano para evitar la cárcel.

Como casi siempre, las películas de Hollywood lo exageran todo. Hay que hacerlo todo espectacular, para conseguir espectadores. Pero hay una base de realidad detrás.

Es verdad que es un trastorno con una incidencia escasísima. Para que se dé, al estilo de las películas, hay que sufrir años y años de malos tratos, psicológicos, físicos, abusos sexuales…desde niño, hasta bien entrada la adultez. Es imprescindible que se produzcan desde niño. Tienen que ser mantenidos en el tempo durante muchísimos años. Puedes estar tranquilo. Sí has tenido una niñez más o menos sana, por mucho que tuvieras experiencias horribles en la actualidad, no desarrollarías esta patología. El sistema nervioso del niño está en formación, lo que lo hace vulnerable. El cerebro adulto, aunque es moldeable, no puede “romperse” hasta ese punto.

Lo que si puede pasar, si has tenido una niñez con experiencias traumáticas dentro de la familia: malos tratos directos, o presenciar malos tratos de la pareja de tu madre a ésta, violaciones por parte de tu tío, que te cuida cuando tu madre se va al trabajo…se pueden desarrollar fenómenos que estarían en una línea continúa entre un trastorno de estrés postraumático (pesadillas, flashbacks, crisis de pánico ante cosas que me evocan la situación) y el trastorno de identidad disociativa, que es como se denomina ahora al trastorno de personalidad múltiple (distintas personalidades que se alternan).

Estos fenómenos son muy variables, pero siguen una estructura concreta común que te voy  describir. Son más comunes que algo tan grave como tener personalidades múltiples, aunque siguen siendo también de una incidencia bajísima, y se confunden con otras dolencias.

Si papa llegaba borracho por la noche, y te viste obligado a defenderte, la parte de ti que se encarga de la rabia/lucha, o bien del  miedo/huida se activa. De pequeño tu cerebro no funciona de forma conjunta, cuanto más pequeño, más fraccionado está el cerebro, se integra según se desarrolla, consiguiendo un funcionamiento como una sistema completo más o menos sincronizado. Así que esa parte “emocional” de tu cerebro, si se activa de forma reiterada y en una intensidad excesiva (traumática) cuando eres niño, hace que se desarrolle y fortalezca, de manera independiente al resto del cerebro. Noche tras noche, año tras año, esta parte “emocional” escindida, acumula recuerdos, pensamientos, sentimientos, sensaciones en el cuerpo. Esto va generando progresivamente una unidad independiente de funcionamiento dentro de ti, especializada en la lucha, o en la huida, es decir, o está enfadada, o tiene miedo. Hay muchas más partes, tantas como mecanismos de adaptación tiene nuestro cerebro: responsabilidad/culpa, capacidad de apego/cariño, paralización con anestesia, perfeccionismo/crítica, hipervigilancia…absolutamente todos poseemos estos recursos, si mediante experiencias traumáticas reiteradas se activan, todos ellos se pueden desarrollar.

No te preocupes si te pasa algo de lo que vas a leer en este artículo. Si ya has salido del entorno de malos tratos, estos fenómenos no van a más, y se pueden revertir con psicoterapia, al contrario que otras patologías.

El desarrollo de estas partes emocionales sigue un proceso que, simplificando, se puede describir en unas pocas fases:

1. Flashbacks, pesadillas, emociones muy fuertes e impulsos que no te parecen tuyos, que vives como incoherentes, sin origen razonable. Va acompañado de crisis de angustia. Sería el paso siguiente al trastorno por estrés postraumático. En este último, entiendes que es lo que ha desencadenado el recuerdo, el impulso o la emoción, pues has reaccionado frente a algo relacionado con el trauma original (has visto un coche rojo, y tuviste un accidente en un coche rojo).

2. Pensamientos muy fuertes, intensos, intrusivos y reiterados, que no responden a razonamientos lógicos, acompañados de esa emoción e impulso ajenos a mí. Es muy fácil de confundir con un trastorno obsesivo compulsivo. Suelen ir acompañados de crisis de angustia, pero no de rituales o compulsiones. Se suelen calmar con autolesiones (rascarse hasta hacerse heridas y/o cortes). Se confunde en este último caso con el trastorno límite de personalidad.

3. Esos pensamientos “fuertes” pasan a tomar la forma de tu propia voz (alucinaciones auditivas), como una segunda voz interior, dejas de tener un monólogo interno, que sería tu propio pensamiento, para tomar la forma de un dialogo, con una o más voces internas, que tiene la forma de tu propia voz, pero que piensan y sienten diferente, y están en un estado emocional concreto y diferente cada una de ellas. Es muy difícil de detectar en consulta, porque al ser la propia voz del paciente, y haberlo vivido desde la infancia, piensan que es su pensamiento y que es algo normal, que le pasa a todo el mundo. La clave está en indagar acerca de una segunda voz interior. Una voz que te contesta cuando le hablas, y piensa y percibe la realidad diferente a como la percibes tú. En ocasiones hay alucinaciones visuales, en forma de sombras, generalmente al atardecer. No es casualidad, pues muchos de los malos tratos se dan cuando el maltratador llega a casa, tras la jornada de trabajo, o se mete en la cama por la noche contigo. El momento del día, también es un estimulo evocador del trauma. Se sigue confundiendo con un trastorno obsesivo compulsivo. Como hay giros constantes de estado emocional, también se confunde con trastornos el estado del ánimo (trastornos depresivos y bipolares).

4. En un momento dado, estas segundas voces interiores, mutan y dejan de ser tu voz. Pueden tener cualquier edad, sexo, tienen su propia personalidad, y a estas alturas ya tienen conciencia de sí mismas. Pueden tener su propio nombre, e incluso el sentimiento de ser ajenas físicamente, de tener su propio cuerpo. Suelen ir acompañadas de alucinaciones visuales, es decir, el paciente les ve. Suele confundirse en consulta con esquizofrenia. A diferencia de esta última, el paciente casi siempre sabe que se trata de alucinaciones, o voces, que solo ve y escucha él. Al ser así, lo ocultan por miedo a que les tachen de locos, les mediquen, les internen…hay estudios que dicen, que de media, se tarda en diagnosticar estos trastornos en el espectro de lo disociativo, unos seis años, desde que piden ayuda y entran en el sistema sanitario.

5. En una fase posterior, se dan fenómenos en situación de crisis, en las que esta parte emocional, es ya tan estructurada, compleja y consistente, que es capaz de, en estos momentos concretos, hacerse con parte del control del cuerpo, o con el “sistema ejecutivo” completo. El paciente describe situaciones como: “no fui yo, mi propia mano tomo el control y me cortó”, “no recuerdo nada de lo que pasó” (en situación de explosión de agresividad incontrolada, o miedo extremo en el que se esconde y se acurruca en posición fetal…), “no recuerdo haber tenido esa conversación contigo”, “tengo escritos que no recuerdo haber hecho yo”…Se confunde mucho con llamadas de atención, manipulaciones, mentiras para eludir castigos u otro tipo de consecuencias.

Es un tema muy interesante. En el próximo artículo describiré el tratamiento. Si te ha interesado, te recomiendo algunos libros imprescindibles.

Si eres paciente:

“No soy yo”, de Anabel Gonzalez.

“Introducción al modelo de los sistemas de la familia interna” de Richard Schwartz.

Si eres psicoterapeuta:

“El yo atormentado “ de Onno Vander Hart, Ellert Nijenhuis y Katty Steele.

“Trastornos disociativos” de Anabel González.

“La terapia del self” de Jay Earley.

TRATAMIENTO DE LA PERSONALIDAD MÚLTIPLE

Tras introducir brevemente una descripción de como se presentan los trastornos de base disociativa, entre los que se encuentra el trastorno de personalidad múltiple, actualmente denominado trastorno de identidad disociativo, os voy a explicar a grandes rasgos como se trabaja con esta patología.

No me gusta demasiado el concepto patología. Si bien es cierto que las personas que presentan esta estructura de personalidad tienen enormes problemas para integrarse socialmente, tienen una enorme inestabilidad emocional, sufren muchísimo, tanto ellos mismos como las personas que les rodean, este funcionamiento no deja de ser una hiperadaptación a un entorno extremadamente hostil. Al cambiar a un entorno más adecuado, esta manera de funcionar, no solo no es útil, sino que nos crea aún más problemas. El precio a pagar es enorme, pero en su momento fue la solución menos mala.

Para que la psicoterapia pueda ser más eficaz, sería bueno comprobar que el entorno actual de la persona ya no es peligroso, que sus relaciones actuales son suficientemente sanas, y que vive en un contexto suficientemente seguro. El entorno en el que han crecido ha generado una percepción distorsionada  de lo que debe ser seguro y sano, como es una autocuidado adecuado, tanto físico como emocional. Esto conlleva a que en la adultez, repliquen las mismas relaciones y situaciones que vivieron en la niñez, ya que no conocen otra forma de vivir.

Siempre el primer paso será enseñarles a cuidarse, porque la gente que debió ocuparse de ellos en su niñez, no solo no les cuidaron, sino que les destruyeron emocional y físicamente. Cuando hablo de cuidarse, suelen ser cosas tan básicas como gestionar el descanso (acostarse y levantarse a horas que permitan una adecuada adaptación social, horas suficientes de sueño, hábitos y rutinas de conciliación), higiene diaria (lavarse los dientes, ducharse, ponerse ropa limpia, lavar la ropa cuando corresponde), adecuada nutrición (dieta adecuada a las horas que corresponde). Se irá introduciendo paralelamente habilidades para gestionar las emociones. Al principio se tratará de gestión de crisis, la gran mayoría sufren ataques de pánico. Para gestionar la angustia recurren a la comida, las drogas, el alcohol, el sexo, las autolesiones…Los ingresos hospitalarios suelen ser recurrentes. Lo que a nosotros nos puede parecer autodestrucción, es posiblemente lo que ellos sienten como lo único que les sostiene, y seguramente sea así. No han conocido otra forma de cuidarse.

Las técnicas clásicas de regulación de la activación son eficaces: respiración abdominal, relajación muscular progresiva,  mindfullness, meditación…pero el proceso es muchísimo más lento y casi siempre irá apoyado de ayuda medicamentosa, que se podrá ir retirando según la persona desarrolla los recursos adecuados.

Ahora vamos al momento cualitativamente diferente de otras terapias. La reconfiguración del cerebro, derivado de las experiencias traumáticas, que van conformando redes neuronales que funcionan con relativa independencia del resto del cerebro, causa que el trabajo con las terapias al uso, no alcance esas redes, y se quede en la “superficie”.

Estas redes no funcionan de manera lineal y en conjunto con el resto del cerebro, sino en paralelo. Se da un procesamiento de la información doble. Esa “parte traumatizada o emocional” percibe diferente, procesa la información de manera diferente, y reacciona diferente, al mismo tiempo, lo que causa un enorme caos interior, con una daño profundo a nivel de identidad:¿quién soy, que pienso, qué siento en realidad?

El psicoterapeuta le ayudará a encontrar el sentido, pero ¿cómo lo hacemos?. Cada parte emocional surge de un grupo de experiencias de la misma naturaleza: agresiones físicas por parte de mi padre, violaciones por parte de mi tío, criticas y rechazo por parte de mi madre, abandonos por parte de mi abuela…Cada grupo generará una parte emocional: una parte que solo sabe pelear físicamente y que prefiere ser el que pega, antes que la victima, y se va identificando con el maltratador original, una parte que entiende que el cariño de los adultos solo procede de las relaciones sexuales, una parte crítica que me fuerza a ser sumiso y perfecto ante los ojos de los demás, otra que busca continuamente la atención del adulto, porque necesita “ser visto” a cualquier precio, si no es por las buenas, será por las malas….Estas partes perciben, sienten, piensan y reaccionan en paralelo al paciente, y se comunican con él internamente en forma de voces, imágenes, sensaciones e impulsos. En los casos más graves tomarán el control de la conciencia y del cuerpo, y el paciente no recordará nada tras el episodio, o tal vez recuerdos lejanos, vagos y desrealizados como mucho.

La clave para el psicoterapeuta es ayudar a ver al paciente, que esa parte emocional, esa voz odiosa que le insulta, le critica, le culpa…no es su enemigo, surge para ayudarle a adaptarse, y en esa parte residen capacidades que todos necesitamos para adaptarnos. Más aun, pueden llegar a ser más capaces de aceptar y alinearse con esa parte, cuando llegan a entender, que esa parte son ellos (mentalización). Es un “yo” que sufrió conmigo en ese momento. Tan doloroso fueron los acontecimientos, que se desligó de mí, asumió los peores recuerdos, los peores sentimientos, los peores pensamientos y sensaciones, para que el resto de la persona pudiera salir adelante. Esa parte es “yo mismo” atrapado en aquellos recuerdos, de los que no pueden huir. Es un “yo de 5 años” que sigue viviendo en las palizas, en el abandono, en la violación…

A nivel de psicoterapia, comienza la neurocirugía del vínculo. Pasos:

1. El psicoterapeuta empatiza y vincula con el paciente.

2. El psicoterapeuta empatiza y vincula con cada una de las partes emocionales: entender como sienten, piensan, perciben y cuál es la función adaptativa en el sistema. En estos pacientes se manifiesta en forma de un impulso incontrolable, pensamientos intrusivos (con los que puedo establecer un dialogo, me responden, y no opinan lo mismo que el paciente), alucinaciones auditivas (una voz que puede ser la mía, o de otra persona conocida, generalmente del maltratador, o de alguien desconocido, con la que puedo establecer un dialogo, y percibe como ajena a él). El paciente teme y/o aborrece estos fenómenos, la parte emocional aborrece y culpa al paciente por su sufrimiento.

3. El psicoterapeuta ayuda al paciente a empatizar y vinculara con cada una de estas partes emocionales.

4. Ayuda a las partes emocionales a empatizar y vincular con el paciente.

5. Ayuda a las partes emocionales a empatizar y vincular entre sí.

Para el psicoterapéuta es tan caótico como para el propio paciente. Entra una sola persona en la consulta, pero en realidad no sabe con cuantos pacientes va a tener que trabajar, hasta bien avanzada la terapia. Se parece más a una terapia familiar que a una psicoterapia individual.

Una vez se consigue cierta tolerancia entre paciente y partes disociadas, se puede trabajar la negociación en las situaciones cotidianas, negocian como actuar, para evitar las luchas internas y la angustia consecuente. Más tarde, según las partes comienzan a tomar conciencia de que el paciente ya no es un niño, que ha crecido, que tiene más recursos físicos y mentales, que es capaz de protegerse y de “protegerles y cuidarles” y ya no tienen que ser ellos los que asuman el control, es cuando comienza la mejoría. Según las partes disociadas también van tomando conciencia de que ellas también son el paciente, van pudiendo estar más en el presente, y dejan de estar atrapadas en el pasado, en el trauma original.

Para la resolución y reintegración de las partes y paciente en un todo, de nuevo, será necesario elaborar las experiencias traumáticas. No solo trabajaremos con los recuerdos del paciente, de hecho los más importantes, serán los recuerdos que irán desvelando las partes emocionales. Se producirán fenómenos catárticos, en los que emergerán recuerdos que la psicología tradicional califica como reprimidos. Con ello estas partes emocionales dejarán de actuar con tanta intensidad, dará paso progresivamente a un funcionamiento más conjunto y finalmente integrado en un todo.

En estas breves lineas resumo el trabajo de muchos años de psicoterapia. Se trata una superficial introducción a un trabajo tremendamente complejo y laborioso, con continuos saltos adelante y atrás. Si te ha interesado el tema, te recomiendo los siguientes manuales de referencia:

“El yo atormentado” de Van der Hart.

“Vivir con disociación tarumática” Van der Hart.

“Trastornos disociativos” Anabel González Vázquez.

Se trata de lectura técnica, para la cual deberás estar muy motivado. En cualquier caso, gracias por dedicarme estos minuto de tu tiempo.

CUERPO VS MENTE

Tradicionalmente trabajamos con nuestra forma de pensar, con la forma en que nos hablamos internamente para cambiar nuestros estados emocionales y la conducta. Desde hace algún tiempo se sabe que la relación entre nuestro cuerpo y nuestra mente es bidireccional. Cambiando nuestro estado de activación, mediante técnicas de relajación, meditación, mindfullness, yoga y otras opciones, podemos influir activamente en nuestros pensamientos y nuestra conducta.

En ciertas ocasiones, trabajar con el cuerpo, puede llegar a ser tan efectivo como trabajar desde el plano racional, y son estrategias complementarias. Siegel, un famoso psiquiatra, plantea en su teoría del “cerebro triuno”, que el ser humano cuenta con tres niveles de funcionamiento a nivel cortical:

  • Neocortex: el último en surgir en la evolución, la parte del sistema nervioso central que nos diferencia del resto de los seres vivos, y que destaca por proporcionarnos inteligencia, capacidad de razonamiento, planificación, detección de patrones.
  • Cerebro límbico o emocional: común con el resto de mamíferos, cuyos mecanismos de defensa son la lucha o la huida.
  • Cerebro reptiliano: en común con los reptiles. Es la parte más antigua de nuestro cerebro. Regula las funciones básicas para el mantenimiento de la vida: temperatura, respiración, hambre…

Cuando, a la hora de resolver un problema, el neocortex falla (razonamiento, planificación), el cerebro baja un nivel y se mueve en el plano emocional, caracterizado por las estrategias de afrontamiento de lucha y huida. Si este a su vez falla también, entra en acción el cerebro reptiliano, que solo tiene como repertorio de afrontamiento el colapso o parálisis con analgesia, o anestesia. Este autor plantea que para poder volver a movernos en el plano de lo racional, antes hay que parar el secuestro emocional en el que nos encontramos, y eso podemos lograrlo trabajando con el cuerpo. Es decir, una vez bajamos al plano de las emociones, nuestra capacidad para pensar fríamente queda total o parcialmente neutralizada. Si a demás de intentar razonar, promovemos un estado corporal acorde, los efectos serán más rápidos e intensos.

Pero es tanto el poder que tiene el cuerpo en nosotros, que hay otras formas de modificar nuestra forma de adaptarnos al mundo. Hay una antigua estrategia en psicología que dice: si quieres sentirte algo mejor, pon una media sonrisa y mantenla. Irás notando como poco a poco las sensaciones y la actitud van cambiando.

Siendo un poco más sofisticados, incluso podemos buscar modelos de afrontamiento externos, podemos incorporar la forma de sentir/pensar de otras personas. Es fácil de poner a prueba. Hagamos un ejercicio práctico.

  1. Busca un modelo de actuación, una persona real o de ficción que destaque por alguna característica que te gustaría tener en tu repertorio de recursos: valentía, fortaleza, seguridad…
  2. Observa y estudia su postura corporal, su gestualidad, su tono de voz, su expresión facial, su forma de moverse entre los demás, el contacto físico con el que se relaciona…
  3. Asume ese papel durante un rato: como dicen en estados unidos “ponte es sus zapatos”. Emúlale, estando primero solo en la habitación, y posteriormente, si te sientes cómodo, en una situación social.
  4. Comprueba cómo te sientes, las sensaciones que tienes en el cuerpo. Posiblemente notes que tu forma de pensar y comportarte también ha cambiado.

Tenemos mucho más poder, control, recursos y capacidades de las que somos conscientes. Solo tenemos que ponernos a prueba, y si nos faltan recursos, fijaos lo fácil que es incorporarlo “introyectando” modeles externos de afrontamiento.

Otra aplicación muy interesante es el desarrollo de la empatía. Es muy fácil poder ponernos en el lugar del otro, cambiando nuestro propio estado emocional, y haciendo más sencillo poder resolver situaciones sociales. Un ejercicio que suelo proponer a padres, profesores, psicoterapeutas…es tan sencillo como adoptar la postura corporal, y la expresión facial del chico en cuestión. Os sorprenderéis de la rapidez y la intensidad con la que podremos salir de nuestro propio estado, siendo capaces de sentir lo que siente nuestro interlocutor.

Os animo a que vayáis incorporando activa y voluntariamente un repertorio de recursos a partir de modelos. Siempre podemos seguir creciendo.

BASE BIOLÓGICA DEL APEGO

El apego como mecanismo de supervivencia es bien conocido por todos. Tenemos de manera intuitiva una imagen de como el amor, o cariño, es una parte muy importante de nuestras vidas. Conocemos sus beneficios a nivel de calidad de vida. Nos damos cuenta de cómo ha sido tan necesaria esta capacidad de apegarnos durante la evolución, a un nivel mucho más profundo que el resto de los seres vivos, pues nacemos desvalidos y necesitamos del adulto para sobrevivir. Hasta el punto de que estamos genéticamente predispuestos a vincularnos a un adulto maltratador, antes que quedarnos solos.

No profundizaré en la historia de las teorías del apego, describen muy bien cómo funciona, otra cosa es lo referente a sus bases neurofisiológicas, pues hasta ahora no se tenía una idea concreta. Os describiré brevemente una propuesta muy prometedora, de reciente publicación: la Teoría Polivagal de Porges. Lo interesante de esta teoría es que realiza una aproximación mucho más precisa de cuáles son las bases biológicas del apego, y a demás, concreta como se ordenan e integran los mecanismos de defensa de los que disponemos.

Os recuerdo, ya que nuestros días de cole nos quedan muy lejos, que el Sistema Nervioso Autónomo se encarga de funciones involuntarias del cuerpo y está dividido tradicionalmente en:

  • Sistema Nervioso Simpático: Relacionado con respuestas de lucha/huida. Prepara al cuerpo para una reacción física de urgencia. Moviliza la energía disponible.
  • Sistema Nervioso Parasimpático: Está más orientado a almacenaje de energía y reparación: digestión, sueño….

Porges y su equipo descubrieron que el Sistema Parasimpático, está su vez dividido en dos ramas, una que surge más tardía en la evolución, con los mamíferos y está activada la mayor parte del tiempo:

  • Complejo Ventrovagal: estimula la comunicación y la implicación social, mediante la gestión de la expresión facial, vocalización, escucha. Depende del Nervio Vago mielinizado del Núcleo Ambiguo, que inerva laringe, faringe, esófago, estimula la succión, la respiración y la frecuencia cardíaca. Inhibe al sistema nervioso simpático.

 Hay otra rama mucho  más primitiva, ya presente en los reptiles:

  • Complejo Dorsal Vagal: Cuando falla el afrontamiento a través de la interacción social, la lucha o la huida, se activa esta rama. En psicología se habla de disociación, colapso o desorganización, consiste en una respuesta de inmovilización, una especie de muerte aparente. Va acompañada de un estado de analgesia (no siento dolor), e incluso en los casos más extremos, de anestesia (no siento nada en el cuerpo), junto con parálisis motora. Los recuerdos posteriores son confusos, fraccionados, o a veces puede no haber recuerdo. Está gestionado por la rama más antigua del Nervio Vago, sin mielinizar, llamada Núcleo Motor Dorsal Vago. Se trata de una rama primigenia que se activa en momentos de urgencia en los que falla la rama parasimpática más reciente, posteriormente el Sistema Nervioso Simpático, y finalmente, como último recurso, se activa esta rama primitiva.

Esto implicaría que, a grandes rasgos, el ser humano trae de serie tres sistemas de respuesta, o mecanismos de defensa, que actúan ante situaciones de estrés o peligro, jerarquizados y que entrarían en juego siempre en el  mismo orden:

  1. Interacción social: busco ayuda en el adulto, la familia, los amigos, busco respuesta de la gente en la que confío, o simplemente tengo cerca en ese momento.
  2. Mecanismos de lucha o huida (a través del Sistema Simpático), inhibe al Sistema Nervioso Parasimpático. Se activa cuando los recursos sociales no resuelven el problema.
  3. Disociación, colapso o desorganización. No hay, o no percibo salida posible, mi cerebro reacciona automáticamente y sin posibilidad de control sobre ello y dejo de sentir, pensar, e incluso a veces de percibir.

Entraremos a describir un par de ejemplos prácticos muy interesantes:

  • Muchos hemos oído hablar de aquel programa tan famoso para hacer dormir a los niños. Recomendaba a los padres poner a dormir al bebe en su cuna o la cama, y no acudir aun cuando le niño reclamase la presencia de los padres con lloros. Se pensaba incorrectamente que el niño se calmaba y finalmente se dormía solo, aprendiendo a no depender de sus padres para dormir. Ahora se sabe que lejos de tranquilizarse, los bebes no atendidos entran en colapso, desorganización, o disociación. No tienen un sistema nervioso desarrollado, ni recursos para gestionarse emocional y conductualmente, necesitan del adulto. Nos necesitan para aprender a planificar, razonar, organizar sus espacios y horarios, pero también y más importante, para aprender a identificar, expresar y gestionar sus emociones. A través de las repetidas experiencias en el tiempo, con el adulto, van interiorizando e integrando esa capacidad para tranquilizarse solos, sin necesidad del adulto. Aquí tenéis el enlace de un video donde se observan los efectos de la no sintonía emocional de una madre con su hijo, aun estando la madre presente y teniendo contacto visual directo. No se trata tanto de estar al cuidado de nuestros hijos, sino de poder verlos emocionalmente y hacer que ellos se sientan vistos: https://www.youtube.com/watch?v=Grhiu55vbSc&feature=youtu.be
  • Igualmente, ya más mayores, los niños necesitan del adulto para manejar sus enfados y frustraciones, el niño va interiorizando las técnicas que vivencia con sus padres, profesores…si el adulto no es capaz de regularse, el niño no tendrá un modelo del que aprender.
  • Violaciones en grupo. A nivel legal también, el desconocimiento de estos mecanismos tiene consecuencias, como en las recientes noticias de juicios por violaciones en grupo, en las que se pone en cuestión la reacción de la víctima. Se llega a considerar menos grave legalmente, la no reacción de la víctima, cuando en realidad se trata de una reacción extrema de colapso ante el miedo, y la imposibilidad de desarrollar otro tipo de defensa. Al estar los recuerdos fraccionados, desorganizados y/o confusos, los profesionales de las leyes consideran que se trata de cambios de discurso y manipulaciones.

Futuras aplicaciones de la teoría:

  • Se estudia su relación con los trastornos del espectro autista, aunque queda mucha investigación aun por realizar.
  • Es bastante evidente su relación con otros trastorno ligados a la regulación emocional como el trastorno límite de personalidad.
  • Se está realizando investigación por las relaciones autonómicas involuntarias en los pacientes con historia de maltrato infantil.
  • Se están estudiando las bases neurofisiológicas vinculadas a la musicoterapia, y otras formas alternativas de encontrar regulación emocional a través del cuerpo, en lugar de trabajando con el discurso, los pensamientos o la lógica.

TRAUMAS EN LA INFANCIA

Tradicionalmente se considera que aparece traumatización ante episodios vitales de experiencias peligrosas en las que hay percepción subjetiva de peligro de muerte o grave para la salud, para sí mismo o para otros (por no tener recursos para afrontar la situación).

La información de naturaleza traumática colapsa nuestro sistema nervioso. Éste encapsula la información. Queda atrapado el recuerdo en forma de información sensorial (imágenes, olores, sonidos…), sensaciones somáticas, pensamientos y emociones. De esta forma, a priori, el niño puede hacer vida normal, no interfiriendo este tipo de recuerdos, que quedan “no accesibles para el en la cotidianidad.

Esta separación del resto de información contenida en la memoria, imposibilita que se integre este recuerdo. De otra manera, la experiencia podría haberse interpretado desde otra perspectiva, podría haber accedido a redes más adaptativas de información, haber rescatado la información positiva o relativizado la negativa. De esta manera queda desintegrada.

El trauma queda congelado, pero no es del todo inaccesible por la conciencia del niño, se accede hasta él de manera accidental, estalla por disparadores: estímulos relacionados con la situación de peligro (olores, sonidos, sensaciones, sentimientos, pensamientos…). A veces la propia persona no detecta cuales son estos estímulos que desencadenan la revivencia.

Cuando un disparador aparece se revive el trauma como si estuviera sucediendo de nuevo, en forma de flashbacks (recuerdos muy vívidos), y pesadillas. Se reexperimenta el trauma como si fuera de nuevo real, como si estuviera ocurriendo ahora. Por lo tanto las reacciones emocionales y conductuales también son las mismas que se dieron entonces: miedo, agresividad, angustia, impulsos de correr…

La posibilidad de que se de trauma es diferente en niños y adultos. Para un niño, con muchos menos recursos físicos e intelectuales, es mucho más sencillo encontrarse con situaciones que se pueden valorar como de peligro extremo.

Pongamos algún ejemplo:

  • Un bebe que es dejado durante horas sin atención, sin alimentarlo ni atenderlo emocionalmente, puede vivir una fuerte sensación de abandono, acompañado de sensaciones extremas de hambre y sed, que pueden quedar codificadas como experiencias traumáticas.
  • Un niño al que su padre le pega, siempre que llega borracho del trabajo, o simplemente presencia como pega su madre.
  • Una niña que es abusada sexualmente por su tío, del que se queda al cuidado por las mañanas, cuando sus padres trabajan.

Estos ejemplos tienen en común que la situación de peligro, no sólo es traumática, sino que es repetida en el tiempo, y lo más grave, proviene de  figuras primarias de apego.

¿Cómo es capaz un niño de entender y adaptarse a esta situación?

La respuesta es, que no pueden. Los niños están diseñados para apegarse a todo tipo de cuidadores, ya sean eficaces o no. Es mucho más adaptativo vincularse a un adulto maltratador, que sobrevivir sólo. Pero para el niño es imposible vincularse a un adulto que en algunos momentos le quiere mucho, pero en otros es negligente. Es imposible de compatibilizar. Entran en una paradoja emocional que no tiene solución: es un impulso biológico buscar apego, pero también lo es huir del peligro. Por ello se disocian, se parten en dos:

  • El niño es capaz de adaptarse a una figura de apego cariñosa y competente.
  • Por otro lado, una parte anclada en el trauma, se adapta a los momentos de maltrato.

Lo que percibimos los que convivimos con ellos es una especie de imprevisibilidad en su conducta (a veces me demanda atención, a veces se pone agresivo), cuando en realidad es un comportamiento extremadamente rígido, pero de gran variedad de desencadenantes, algunos desconocidos incluso para el propio chico.

Al tratarse de mecanismos involuntarios y de activación imprevisible, incluso para el propio chico muchas veces, viven estas conductas con una enorme culpabilidad y autodesprecio. Son receptores de las consecuencias negativas (castigos, rechazo social, revivencia de agresiones y abandonos) sin ser capaces de tener absolutamente ningún control sobre sus reacciones emocionales, pensamientos y conductas.

Es muy importante tener esto en cuenta, pues los métodos tradicionales de modificación de conducta basados en premios y castigos, no tienen capacidad para modificar este tipo de conductas, por ello es necesario acudir a un profesional preparado para trabajar con conductas originadas por vivencias traumáticas.

HIJO SANO VS HIJO ENFERMO

Es muy interesante lo que se ha encontrado en Investigaciones de familias con niños con enfermedades limitantes crónicas en las que se ha sondeado la percepción de calidad de vida de todos sus componentes.

En estas investigaciones se aplicaba un cuestionario de sensación de felicidad propia, pero también la opinión de cómo vemos de felices a los otros componentes de la familia.

Los resultados son muy interesantes, porque indican que ambos padres, sobreestiman el sufrimiento y subestiman la capacidad de adaptación del niño enfermo. Dan por sentado que su hijo convaleciente sufre más de lo que en realidad lo hace.

Por el contrario, ambos padres, también tienden a sobreestimar el nivel de percepción de calidad de vida, de satisfacción real que sienten sus hijos sanos. Es decir, piensan que sus hijos sanos son más felices de lo que en realidad expresan.

La interpretación que hacen es la siguiente. Parece ser que los padres suelen volcarse en el cuidado de su hijo convaleciente, del que ellos perciben que necesita más ayuda, y apoyo emocional. Los hermanos sanos son los que suelen pagar la factura de este coste añadido para los padres, quedan parcial o totalmente desatendidos. Ante la necesidad de la familia de implicarse en el cuidado del hermano enfermo, suelen tener que hacer grandes sacrificios.

Aunque esta investigación está dirigida a familias con hijos con patologías cardiacas, en la consulta nos encontramos con estos mismos fenómenos, o muy similares, habitualmente en familias con algún hijo diagnosticado de TDAH.

Según su edad y temperamento podrían reaccionaran de diferentes maneras:

  •  Algunos de ellos pueden llegar a ocultar o negar sus problemas o necesidades, intentando no colapsar el sistema familiar. Algunos incluso pueden llegar a adoptar el rol de cuidador, no solo del hermano enfermo, sino de unos padres sobrepasados por la situación, lo que supone una carga de responsabilidad para el que no están preparados. Son niños que ayudan mucho y son percibidos como generosos y sacrificados.
  • En otras ocasiones el niño sano puede llegar a competir por las atenciones paternas, llegando a desarrollar conductas oposicionistas o desafiantes, porque siempre es mejor ser un “niño malo o rebelde” que no ser visto.
  • En la mitad del espectro estarán los niños que pasarán desapercibidos. Sin hacer ruido estos niños parecen adaptados a la situación, pero igualmente son niños cuya autoestima corre peligro, pues están en la continua vivencia de que son secundarios, interiorizan que no son lo suficientemente valiosos para ser tenidos en cuenta.

No nos olvidemos de los padres. Es imprescindible hablar de las necesidades y cuidados que requieren los propios cuidadores. Querer a nuestros hijos no implica que tengamos que negarnos como personas. Tenemos derecho a disfrutar de la vida en la medida de lo posible. Lo que “a priori” puede parecer un planteamiento egoísta, es en realidad algo de lo que se beneficia toda la familia. Comienzan a ser ya extendidos y popularmente conocidos los beneficios para todo el sistema familiar del “autocuidado del cuidador” y el mantenimiento de un mínimo de calidad de vida, al menos emocional, de los padres. La manera óptima de intervenir en el cuidado de nuestros hijos, sanos o enfermos, es desde un equilibrio y un correcto autocuidado.

En el entorno profesional ya se empieza  usar el concepto de “familias emocionalmente sostenibles”. Estas familias se caracterizan por una adecuada gestión de la energía, ajustando y adecuando el gasto en los distintos ámbitos de la vida y atendiendo en la medida de lo posible las necesidades generales de la familia, al funcionamiento a largo plazo de todo el sistema familiar y no sólo del hijo enfermo.

¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

Curiosamente, aunque convivimos diariamente con las emociones, es una de esas cosas sobre las que jamás nos suelen hablar. Es un aspecto que no suele abordarse ni dentro de la familia, ni tradicionalmente en la escuela, aunque eso parece que poco a poco va cambiando. En muchos colegios ya no solo nos enseñan a hacer raíces cuadradas y las capitales de los países, se va integrando cada vez más el trabajo con nuestras emociones.

No perdamos la oportunidad de ayudar a nuestros hijos a entenderse a sí mismos. A entender cómo reaccionan, cómo sienten, porqué y para qué. Por eso os propongo, un breve resumen, para que vosotros mismos comencéis a educar a vuestros hijos en este aspecto.

Siempre que nuestro pequeño/a se vea sobrepasado por una emoción intensa, acércate y ayúdale a calmarse. Cuando esté más tranquilo podéis sentaros y explicarle estos sencillos principios.

¿Qué son las emociones? Son una herramienta más para nuestra adaptación. Son recursos comunes a todos los seres humanos que han ido sobreviviendo a la evolución por la selección natural.

Su función es principalmente motivacional, llevan a la acción. Cuanto más fuerte es la emoción, más nos sentimos llevados a actuar para resolver la situación que se nos presente.

¿Cómo actúan? Las percibimos como sensaciones en el cuerpo. Algunas agradables y otras desagradables, pero siempre inocuas a nivel de salud. Por muy fuertes que sean las sensaciones, estamos a salvo.

¿Se resuelven cuando desaparece el problema? Se resuelven si se solventa el problema. Pero hay ocasiones en las que el problema no es resoluble, o lleva mucho tiempo solucionarlo. Todas las emociones desaparecen aunque no hagamos nada para resolver el problema. Desarrollan una “curva normal”. Crecen con un estímulo inicial, y pase lo que pase, o hagamos lo que hagamos, cesan progresivamente. Tienen un principio y un final.

Hay emociones primarias y secundarias. La emoción que surge espontáneamente en reacción al estímulo desencadenante, es la emoción saludable (aun cuando las sensaciones físicas sean muy desagradables). Esta emoción es la que nos impulsa a solventar el problema. La emoción secundaria surge como juicio sobre la emoción primaria. Por ejemplo: siento vergüenza por haber sentido miedo, o siento culpa por haberme enfadado, o siento miedo por tener miedo (miedo al miedo). Esta segunda emoción es la que no tiene una función adaptativa, y puede dificultar que la primera emoción se resuelva y remita.

Ayúdale a diferenciar sentimientos y conducta. Es diferente sentir y actuar. Sentirme mal no implica actuar mal, ni ser malo (error en el que caen muchos pequeños). Puedo y debo escoger lo que hago. Pero sobretodo, sienta lo que sienta, sigo siendo querible.

Culturalmente nos han inculcado que el valiente es aquel que no tiene miedo, que no siente tristeza, que no se avergüenza, que no tiene escrúpulos. Lo cierto es que lo realmente valiente es ser capaz de aceptar, asumir y reconocer los sentimientos.

Explícale para qué sirven las emociones más comunes:

  • Miedo: nos protege de un estímulo evaluado como peligrosos y que sobrepasa nuestros recursos. Nos moviliza hacia la huida.
  • Rabia/lucha: nos protege de un estímulo peligroso, pero valoramos que tenemos recursos como para afrontar activamente la adversidad.
  • Tristeza: una vez hemos sido dañados emocionalmente, nos moviliza para el recogimiento y reparación de las heridas.
  • Vergüenza: nos protege de exponernos socialmente a una evaluación negativa que ponga en compromiso el vínculo.
  • Culpa: nos moviliza a la reparación de daños causados para la reparación de un vínculo deteriorado.

Espero que estas líneas os hayan servido de ayuda. Si no es así y necesitas un asesoramiento más profundo, no dudes en pedir asesoramiento. Te ayudaré a aprender lo que necesitáis saber, para lograr aquello que queréis conseguir.

Javier Hernández Matas

Psicólogo Col. Nº M-20253