NEGOCIAR CON ADOLESCENTES

NEGOCIAR CON ADOLESCENTES

En este artículo vamos a aprender a negociar con adolescentes ayudados por una herramienta muy usada en psicología: la entrevista motivacional.

La gran dificultad de sentarse a debatir o negociar sobre algún tema importante con un adolescente, es que está en fase de “diferenciación del yo”. ¿Qué significa esto? Durante la niñez, nuestro hijo ha ido aprendiendo a guiarse por las indicaciones de sus padres. Ha interiorizado sus pautas, y se guía en la vida por lo que sus padres, que son las personas que le quieren y le protegen, le inculcan. Teniendo en cuenta que tiene ya su propia personalidad y es bueno que demuestren criterio y preferencias.

Una vez alcanza la adolescencia, la persona conforma su personalidad. Hasta el momento, ha seguido las instrucciones, valores y creencias de papa y mama, es decir, ha sido una proyección suya (“ha sido ellos”). Cuando llega a la adolescencia comienza a ser “él mismo“, es decir, va a dejar de ser papa y mama, y la forma mas eficaz es ser justo lo opuesto a ellos.

Esta fase de rebeldía es imprescindible para un desarrollo personal sano. Nuestro trabajo como padres, a nivel de educación desde la imposición, debe ir cambiando de manera gradual hacia la guía, colaboración y la negociación. Ser padre es un continuo evolucionar y adaptarse. Debemos crecer como padres y cambiar paralelamente a nuestros hijos. Tenemos la idea equivocada de son los hijos los que crecen. La familia debe ser dinámica y cambiante para adaptarse en las diferente fases de evolución, y con ella todos sus miembros.

Después de esta pequeña introducción teórica deberían surgirnos ciertas dudas. Si mi hijo para madurar necesita “enfrentarse/diferenciase” de mi…¿cómo voy a poder seguir ayudándole, guiándole, aconsejándole?. ¡Madre mía! ¿qué hago ahora?

Nuestro hijos seguirán necesitando límites y normas también durante la adolescencia. Deberemos poner la línea roja entre lo que es negociable y lo que aun debe ser impuesto.

Pasos para la negociación:

1- Empatizar. Debemos ponernos en el lugar de nuestro hijo. Si ser padre es duro, aún con nuestra experiencia vital, conocimiento, madurez… imaginaos lo difícil que es ser hijo. Para ellos todo es nuevo y desconocido. Empatizar no significa tener que ceder porque nuestro hijo sufre, significa saber ponerse en su lugar, para poder entenderle y ayudarle mejor. La frustración es necesaria como aprendizaje, si no aprenden a tolerar el no, serán incapaces de adaptarse al mundo real.
2- Sumarse a las defensas: una vez sabemos como se siente y por qué, será mucho mas fácil conocer sus motivaciones y VALIDARLAS: darles el mensaje de que es comprensible en su situación pensar o sentir como lo hacen. Este es el primer paso que nos romperá los esquemas. Daremos por hecho que tienen que ver las cosa como nosotros. Si el adolescente hace un crecimiento personal para diferenciarse, a nosotros nos toca hacer el mismo proceso. Nuestros hijos tienen que ver la vida a su manera, si no tienen opinión propia, algo estamos haciendo mal. Ellos no son una prolongación nuestra, deben ser ellos, únicos y auténticos. Debemos aceptar, como proceso final y EXITOSO, de nuestra paternidad, que nuestros hijos empiezan a estar preparados para sobrevivir por sí mismos.
3- Guiar con preguntas: iremos cambiando la fórmula: “hijo, esto es así, tienes que hacer esto…“ por el uso de la pregunta para ayudarle a reflexionar y analizar sus actos y consecuencias. Pasos:
Ø Definir objetivo: ¿Qué buscas, que quieres conseguir, cuál es tu objetivo?. Usaremos tono de aceptación, nunca de crítica.
Ø Evaluar objetivo. “¿es un objetivo que te beneficia o perjudica?” Normalmente necesitaremos hacer este proceso cuando el chico hace algo que le gusta, pero le perjudica a largo plazo. Le ayudaremos a hacer un esquema en el que diferenciaremos beneficios a corto y largo plazo, y desventajas a corto y largo plazo. La tabla debe hacerla y reflexionarla él. Solo le acompañaremos en el proceso, cuanto más iniciativa tomemos y mas responsabilidad asumamos en el proceso, más se opondrán y se defenderá. Es muy duro y difícil al principio. El objetivo no es hacer que cambie de objetivo si no estamos de acuerdo con él, a no ser que sea algo altamente perjudicial. Si decide mantener el objetivo, le guiaremos mediante preguntas para que detecte las consecuencias negativas a largo plazo, y le avisaremos de que deberá ser consecuente, y deberá asumir el las repercusiones, y ser coherente. Dejaremos que sufra las consecuencias, porque es necesario para su aprendizaje vital.
Ø Evaluar estrategia: “¿qué estas haciendo para conseguirlo? ¿esto que estas haciendo te acerca o te aleja a tu objetivo?” Muchas veces tiene un objetivo adecuado, pero no se dan cuenta de que se están dejando llevar por sus impulsos y van en una dirección diferente a la que en realidad desean. Nunca indicaremos lo que tiene que hacer. ¿Qué debemos hacer?…PREGUNTAR. “Si lo que haces te está alejando de tu objetivo ¿qué podrías hacer para retomar el camino adecuado?” Facilitamos el diseño de un plan de acción alternativo. Podremos sugerir y opinar, pero el debe tener la última palabra. Si forzamos o insistimos ¿qué ocurrirá?…DEFENSAS/OPOSICIÓN. Si tenemos otra opinión volvemos a preguntar: ¿y qué opinas sobre…?
Ø Evaluar consecuencias: cuando vengan las repercusiones le felicitaremos sí consigue sus objetivos y le apoyaremos y escucharemos y si no consiguió lo esperado. Nunca deberemos rescatarle de la consecuencias negativas, debe vivenciarlas para que haga un aprendizaje correcto. Si le rescatamos aprenderá de manera adulterada. Tenderá a arriesgar más de la cuenta, buscando luego evadir su responsabilidades. Estaremos creando un hijo dependiente.
No siempre conseguiremos todo lo que pretendemos en este proceso. El objetivo realista es ayudar al chico a que empiece a ser reflexivo, piense, planifique, evalúe y utilice todo lo que le hemos enseñado durante todos los años de crianza y educación. Será un aprendizaje importantísimo para él comprobar que efectivamente vale, que sus decisiones son suficientemente adecuadas o incluso muy exitosas. Casi mas importante que para él ,lo será para nosotros como padres. Porque su éxito es el nuestro, y es una enorme prueba de realidad para nosotros comprobar que efectivamente nuestro hijo cada vez es mas capaz y autónomo. El control nos aporta tranquilidad, pero nos impide crecer, nos hace permanecer congelados, y dejamos de superar fases de crecimiento familiar.

Otro factor importantísimo para su crecimiento personal es que validemos su proyecto vital. Todos crecemos desde el calor y la seguridad de la familia. Si diseñamos nuestro proyecto, no para nuestro crecimiento, sino para demostrar a la familia que estamos en lo cierto, seguiremos ligados y dependientes. Es importante ir ayudándole en el diseño de su proyecto, e ir validándole, para facilitar el proceso de diferenciación. Paradójicamente la aceptación produce diferenciación, y no al revés.